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Dr. Ricardo A. Sevilla Castillo
Neurólogo Pediatra
Los Tics son movimientos repentinos e involuntarios, o sea ocurren sin que el niño desee que aparezca el movimiento, y no son producidos por una situación determinada, además de que aparecen al azar. Las manifestaciones de los Tics son muy variadas, un niño durante el transcurso del día puede presentar diferentes movimientos como cerrar los ojos, o nada más un ojo, hacer gestos moviendo la boca o la nariz, mover los hombros como tratando de acomodarse o encogiéndolos, hacer lo mismo con un brazo o la mano, o bien estos movimientos ser más complejos como hacer contorciones con el cuerpo o con la cara. Mucho de los niños además pueden presentar vocalizaciones como repetir inicios de palabras, o bien palabras completas, o en ocasiones palabras obscenas (coprolalia), o bien ruidos con la garganta como aclarar la garganta, sorber con la nariz o bien soplar.
Los Tics tiene la característica que pueden ser suprimidos por el niño por breves periodo de tiempo, por ejemplo en actividades que necesitan mucha concentración, así mismo son aumentados por ansiedad, excitación, coraje o fatiga; no son observados durante el sueño, y tienden a tener fluctuaciones en el mismo día o bien durante la semana.
Los Tics en muchas de las ocasiones no son percibidos por los niños, los padres son los que al darse cuenta del movimiento repetitivo hacen consiente el Tic del niño y de manera secundaria transmiten la preocupación de la persistencia del Tic al niño.
La mayoría de los niños no muestran preocupación por el o los Tics, sobre todo cuando son pequeños durante la etapa del Kinder o al inicio de la primaria, e inclusive en muchas ocasiones cuando tienen compañeritos en la escuela muy complacientes, el o los Tics nunca son mencionados y tienden a desaparece espontáneamente. En una minoría de casos los Tics puden percibirse como algo molesto y tienden a producir cambios en la conducta del niño manifestados como ansiedad, intranquilidad, cambios en el patrón de sueño y tendencia al aislamiento, con el consiguiente deterioro de la relación social.
Los Tics no son el resultado de un proceso de ansiedad en el niño (aunque sabemos que se pueden exacerbar por éste motivo) o el resultado de una alteración de la dinámica familiar como comúnmente se maneja, ya que en la actualidad se a podido documentar una alteración en el funcionamiento cerebral determinada; éste hecho es avalado por observaciones en pacientes que presentan daño cerebral de estructuras profundas del cerebro llamadas ganglios basales (que posterior a su daño generan la producción de Tics), además de los estudios muy amplios realizados en niños y adolescentes con enfermedad de los Tics o Síndrome de Tourette. En los niños con Tics aislados no se han encontrado alteraciones en las estructuras cerebrales pero si se presume un mal funcionamiento de alguna de ellas.
Independientemente de que los Tics sean el resultado de una transitorio mal funcionamiento cerebral (que obviamente no tiene nada que ver con daño cerebral), el comportamiento de los mismos es muy benigno en la mayoría de los casos; cuando se vuelve un verdadero problema para el niño y la familia que lo rodea es cuando se a declarado un verdadera enfermedad de los Tics o Síndrome de Tourette.
Desde el punto de vista médico es útil clasificar a los Tics de acuerdo a como se van presentando, de tal manera que cuando ocurren uno o varios Tics durante varios meses, uno observa que en la mayoría de los casos tenderán a desparecer en éste periodo de tiempo o bien tenderán a ir y venir por meses hasta que ya no se presenten; así mimo existe otro grupo de niños que tienden a persistir constantemente con los Tics por más de un año y en éste grupo de niños es común que los Tics sean de diferentes tipos y que aparezcan además Tics con vocalizaciones; en éste grupo de niños la persistencia de los Tics es de mayor duración y pudieran emigrar a una verdadera enfermedad de los Tics.
Solamente un pequeño grupo de niños desarrollará lo que se conoce como la enfermedad de los Tics o Síndrome de Tourette, (una enfermedad genéticamente determinada),en la cual la persistencia de los Tics es de muchos años y se acompaña de otras manifestaciones de conducta como Trastorno Obsesivo-Compulsivo, Trastorno por Déficit de Atención con hiperactividad o Trastorno de Ansiedad-Depresión; en ésta enfermedad los problemas de conducta se asocian a dificultades del aprendizaje y de adecuación social, constituyendo una enfermedad difícil de tratar en niño y adolescentes ya que perdura durante toda la vida.
El tratamiento de los Tics siempre va enfocado a identificar que situaciones pueden provocar o exacerbar los Tics, para ello es necesario hablar con los maestros, con la finalidad de conocer el comportamiento del niño en el salón de clases y la repercusión de los Tics en su desempeño diario, recuerden que en la mayoría de los niños el Tic no es percibido por ellos.
Cuando los Tics tienen una implicación social en el niño es recomendable primero una valoración neurológica con la finalidad de estar seguros que el o los Tics no son el resultado de alguna otra enfermedad y además establecer las estrategias de manejo para disminuirlos o bien retirarlos completamente.
En la mayoría de los casos cuando un niño o adolescente llega al Neurólogo Pediatra para su valoración neurológica, ya a recibido algún tratamiento con algún remedio casero o medicina alternativa y además ya acudieron con la psicologa quien por lo común ya puso en marcha alguna estrategia conductual para disminuir los Tics; si todo éste manejo no a dado resultado el siguiente paso es utilizar medicamentos que tienden a disminuir o suprimir los Tics.
Los medicamentos son seleccionados por el Neurólogo Pediatra en base de la intensidad de los Tics y de la repercusión en la autoestima del niño así como por los cambios de conducta y de adecuación social tanto en la casa como en la escuela que se están presentando.
El tratamiento médico es variable en duración pero por lo común puede ser de varias semanas, y será la respuesta del niño la guía más práctica para determinar su finalización. Muchos de los tratamientos se vuelven intermitentes durante varios meses hasta que el niño se adecua a sus Tics o bien éstos desaparecen, la meta más importante es evitar la respuesta adversa que se genera en el niño con respecto a su autoestima y ayudarlo a acoplarse a su desarrollo social
Finalmente debemos recordar que los Tics en la mayoría de los niños pueden ser transitorios, pero en aquellos que persisten por varios meses es necesario que sean valorados en consulta por el Neurólogo Pediatra ya que en la actualidad se cuenta con medicamentos y estrategias adecuadas para su tratamiento y con ello se previenen repercusiones en la autoestima y el autoconcepto del niño así como se hace más placentera y manejable la relación social y la asistencia del niño al salón de clases.
Links de interés
www.familydoctor.org
www.movementdisorders.org |